“…Harta de soñadores de poca monta, enemigos de todo lo común, de la estabilidad, del compromiso. Borregos de una subcultura alimentada de mentiras y sustancias tóxicas. Hedonistas de mentes pueriles encarceladas en cuerpos envejecidos, intentando vanamente burlar el paso de los años. Ombligos refugiados en sí mismos…
El placer de los sentidos había quedado ya relegado a un segundo plano. Necesitaba encontrarme a mí misma. Años vagando por caminos de golosinas que tan solo te ceban, necesitaba sentir la roca dura bajo mis pies, y aceptar la vida en toda su plenitud, experimentar la crudeza, para después poder paladear con satisfacción los pequeños trozos de felicidad...”
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