A pecho descubierto voy, para que me lo arranques, para que me lo partas. No necesito leer tus labios para descubrirme en tus ojos. El pánico fiel compañero me advierte; huye, corre antes de que el sol caiga. Antes de que la luz se aparte de tu camino, antes de que la oscuridad se apodere de tu travesía. No escucho. Sigo hacia adelante con pasos de funanbulista sobre la cuerda floja siguiendo luctuosas sinfonías de aire…
Cómo los dos segundos de caída desde un precipicio hacia el mar. Supongo que es así de fugaz y directo.
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